Mitos y realidades sobre la Erasmus

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El otro día tomando un café con un muy buen amigo mío estuvimos hablando de la nueva ocurrencia de nuestro ministro Wert de rebajar las becas Erasmus. Me comentaba que hablando con su cuñada ella le decía que la beca en sí ya es muy exigua, le hablaba de 100 euros al mes y mi amigo me preguntaba si eso era realmente así cuando yo me fuí a Inglaterra. Le confirmé que así era, que se suponía que la beca cubría la diferencia del nivel de vida y que te daban una ayuda para pagarte el vuelo (de aquella estamos hablando que no existía Ryanair ni Easyjet y un vuelo era carísimo).

Vaya por delante que ignoro las cuantías actuales exactas, pero por lo que le comentó a mi amigo su cuñada, mucho no han cambiado. Mi amigo expresaba su sorpresa porque pensaba que la cuantía era mayor, él pensaba que pagaban más dinero para poder pagarte el alojamiento y algún otro gasto. En ese momento me dí cuenta que hay muchos mitos sobre las Erasmus, así que me he decidido a contar un poco mi experiencia y mi opinión sobre este programa.

Me resulta curioso y simplemente lo comento que cuando yo me fui de Erasmus, allá por el 98, apenas nadie sabía lo que era y la gente te miraba raro. Había compañeros que dudaban de la utilidad de la experiencia, alguno me decía literalmente «Para que estudiar lo mismo en otro idioma». Yo les decía que precisamente por eso, quería ir. Esa persona muchos años después me reconoció que nunca pensó que fuera a necesitar el inglés en el trabajo y se pensó que yo poco más que me había ido de fiesta y había aprendido 4 palabras de inglés. Lo más curioso es que el año que yo me fuí había 1 (o 2, no recuerdo) becas para Finlandia y 3 para Wolverhampton. Bueno, pues las becas de Finlandia ni se cubrieron y una de las de Inglaterra quedó desierta.

Hay que reconocer que nos lo pusieron díficil. A mi me quedaba una asignatura y el proyecto final de carrera y justo ese año impusieron una regla en la que prohibían convalidar asignaturas que hubieran sido cursadas en años anteriores. Todo para evitar según ellos que la gente se fuera a otro país a aprobar una asignatura, ya que todo el mundo pensaba que te regalaban los aprobados en el extranjero. Conociendo a otros Erasmus me dí cuenta que había mucha disparidad entre las Universidades españolas, desde las que te convalidaban un curso entero sin mirar las asignaturas a otras en las que como la mía, era muy díficil convalidar algo, o porque no coincidía el temario en el porcentaje deseado o porque simplemente no existía una asignatura equivalente o levemente parecida.

A pesar de esto, un profesor de mi facultad, que había sido el coordinador de las Erasmus – pero ya no lo era, me animó a que me fuera. A mi no era díficil convencerme, desde que me fuí de Interrail con uno de mis mejores amigos, los dos volvimos convencidos de que queríamos vivir al menos un año fuera. Ninguno de los dos pensamos que aquella idea nos iba a cambiar la vida.

El nombre de mi profesor es José Rafael García-Bermejo Giner, y le nombro aquí porque tengo mucho que agradecerle por haberme animado a irme. El me comentó que un estudiante antes que yo había conseguido que le convalidaran los tres años de nuestra Ingeniería Técnica, y que con un año más, había obtenido el título inglés. De hecho me comentó que estaban intentando hacer un convenio entre esa Universidad inglesa y la de Toulouse, para que cada año se estudiara en uno de los tres países y la gente obtuviera el título en los tres países. El Plan Bologna estaba aún muy lejos, pero ya había gente que pensaba que había que buscar la movilidad y que la gente no sólo estudiara una carrera sino que también aprendiera idiomas. Decir que aquel plan no me salió bien, suspendí el proyecto final de carrera, tal vez porque fui muy ambicioso y escogí uno muy díficil para mi nivel de inglés y mis conocimientos. Desde luego no regalaban los aprobados (al menos en Informática) y yo recuerdo aquella época teniendo que hacer muchos trabajos. Pero aprendí muchísimo. A pesar de no haberme podido quedar un año más, no me arrepiento de aquella experiencia, que me animó a seguir formandome y darme cuenta que había vida «más alla de Santa Marta» (como decia mi profesor José Rafael, hablando de un pueblo limitrofe con Salamanca). Aquella experiencia me abrió las puertas a que al año siguiente pidiera una beca Leonardo (así se llamaba antes) que te dotaba de unos 200-300 euros al mes para hacer unas prácticas en cualquier empresa dentro de Europa. Aquel fue mi primer contacto con una empresa, aprendí mucho y viví en una ciudad muy cosmopolita como Bruselas que tiene rincones estupendos. Como dice Angel en Los mejores años de tu vida guardo mis estancias en los paises que he vivido con mucho cariño y sobre todo a la gente que conocí, que me ayudó a ampliar mis horizontes y ensanchar la mente. Aprendí que había mucha gente nomada, de aquí para allá, realizando trabajos muy interesantes y que habían vivido experiencias que yo sólo podía soñar a través de un libro o la televisión.

Recientemente se ha cumplido el 25 aniversario de los primeros intercambios Erasmus. Particularmente pienso que este programa ha sido la mejor inversión que se ha podido hacer para mejorar la integración de Europa y la movilidad en el continente. Conozco muchísima gente que se ha emparejado gracias a este programa. El tipico caso es el de parejas que se conocieron en la Erasmus y después de un par de años de ir y venir, decidieron instalarse aqui o en el pais de la otra persona. Pero yo creo que no sólo ha servido para que los rubios y rubias del norte se mezclen con los morenitos y morenitas del sur (todavía me acuerdo quien me contaba que los holandeses hacían cola en los pisos de españolas), sino creo que ha servido para que una generación de europeos se haya acercado después de la II Guerra Mundial y que salvados ciertos prejuicios, la gente se haya dado cuenta que tenemos más en común de los que pensamos. Aquello que decía un amigo mío americano de European thing.

También creo que ha servido para que la gente haya perdido el miedo a coger la maleta. Creo que muchos de los que se fueron de Erasmus son los que ahora llenan los aeropuertos para marcharse a otros países de la UE buscando un trabajo digno. La pena es que no sea por la aventura como muchos hemos hecho en el pasado por vivir experiencias sino por pura necesidad. Otro día ya hablaré del efecto «Españoles por el mundo» o «Pijos por el mundo» como le llamo yo a ese programa.

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3 respuestas a Mitos y realidades sobre la Erasmus

  1. Caro chan dijo:

    No puedo estar más desacuerdo! A mi también me dieron unos tristes 900 euros y ni ayuda de avión… Pero fue una experiencia que recomiendo a todo el mundo.
    Como ya dije en el blog de Angel creo que debería ser obligatorio para que te dieran el título irse a hacer un curso fuera!!
    Muy bonita la mención a tu profe, yo guardo un muy buen recuerdo de alguno de bellas artes también.
    Chu!

  2. miguelgonz dijo:

    En que estás en desacuerdo? jeje

  3. Caro chan dijo:

    aahhh, acabo de ver que me equivoqué al escribirlo…ainss, el subconsciente….XDDD

    Estoy en total (des) acuerdo contigo…jajajaja

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